Sabemos que lo barato sale caro, sobre todo en la comida. No podemos, o queremos, pagar cinco pesos más por tortillas de maíz y compramos las de maseca. Pero sí podemos, o tenemos que, pagar los gastos de las enfermedades que nos tocan por comer tortillas sin fibra. pagamos con nuestra salud si tenemos la mala fortuna de vivir cerca a campos de maíz fumigados con glifosato. Con nuestros impuestos pagamos subvenciones a grandes empresas, pagamos apoyos al sistema de salud público. Pagamos con la pérdida de la naturaleza y pagamos los daños del cambio climático. Si trabajamos en estas industrias pagamos con nuestro labor, mal remunerado.
Mientras, las y los que producen y venden comida de manera sustentable, sin dañar la naturaleza, con empaques biodegradeables, que respetan la cultura y tradiciones, que pagan un sueldo digno – quedan castigados por precios más altos.
Y, ¿quiénes ganan? Los accionarios de las grandes empresas.
¿Si pagaríamos los costos reales?
Si la comida chatarra tuviera que cubrir todos los gastos que genera: la resanación de la naturaleza, la protección de suelos y animales, sueldos dignos a todas y todos que trabajan en ellos, mitigación de sus emisiones, tratamiento de los daños de salud de todos los comensales… la comida chatarra saldría tan cara que nadie la comprara.
Y si las productoras sustentables recibieran reconocimiento, en subvenciones, del rescate que empeñan, sus productos saldrían muy economicos.
Existe una metodología para hacer que esto suceda: contabilidad de costos reales, o CCR.
¡Me energiza! Contabilidad de costos reales (true cost accounting o TCA en inglés), una manera de repensar la economía, visibilizando los efectos reales en sistemas agroalimentarios “internalizando las externalidades”, es decir, los efectos de decisiones económicos en personas, medio ambiente o el clima que no se cuentan en la economía dominante. Se usa para juntar evidencias para cambiar prioridades en política pública, financiamiento o compras. La FAO dedicaba sus reportes anuales del estado de agricultura y alimentos (SOFA) de tanto 2023 como 2024 a CCR.
La mayor parte del trabajo de CCR es muy técnico y trata de cuantificar y monetizar efectos basados en colecciones detalladas de datos. No obstante propongo utilizarla en su iteración más ligera, en procesos participativos para visibilizar los efectos positivos de trabajos para la agricultura para la vida.
Propongo trabajar juntos y juntas con mi curso “¿Quién paga? Tú” para visibilizar nuestros beneficios y así articular nuestras propuestas de valor a clientes y donadores.